miércoles, 19 de mayo de 2010

Cristal

Allí estaba, erguido en su eterna postura sobre la estantería. El hombrecillo de cristal no podía apartar la vista de su amada. Había compartido muchas horas con ella, en la estantería del taller del cristalero: su Hacedor.

Ahora ella estaba sobre la mesa, lejos de él. Con la nueva apariencia que le había dado el Hacedor tras la desgracia.

Podía recordar la primera vez que la vio, aún desprendía el calor del horno de donde había surgido. Le habían gustado sus formas desde el primer momento y se dio la afortunadísima circunstancia de que a ella también él le había parecido encantador.

Pero un día toda la magia se rompió en mil pedazos, los mismos en los que se había convertido su amada al caer desde lo alto de la estantería hasta el duro suelo de mármol del taller. El Hacedor recogió los trozos, los puso en un crisol y los volvió a introducir en el horno; él siguió todo el proceso con una atención infinita desde su atalaya, vio como el crisol tomaba temperatura, como iba cambiando de color según recibía el calor, vio como los restos de la que había sido todo para él se fundían, observó atentamente como el Hacedor sacaba aquella pasta líquida del horno y la metía en un molde. Esperó paciente a que se enfriara y endureciese de nuevo.

Por fin llegó el gran momento, cuando fue retirado el molde y la nueva forma apareció ante sus vítreos ojos…. Y entonces, el hombre de cristal notó como una lágrima rodaba por su cara, su amada, el objeto de sus tribulaciones había sido convertida en….

3 comentarios:

  1. Interesante párrafo, me ha encantado.

    Un saludo, Unai.

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  2. Muchas gracias por pasarte por mi blog.

    Ya sabes que estas invitado a seguirme.
    Un abrazo.

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  3. Muchas gracias por tu opinión, hay lugares que no daban daban de si para poderle sacar ese jugo descriptivo, y se me complico bastante.

    Pero me lo pensaré, un saludo.

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