Es curioso lo que me sucede con la impresora de mi oficina. Admito sin inmutarme que funcione con vida propia, que haga lo que le apetece como le apetece y cuando le apetece.
Si mi televisión seleccionase el canal que le viniese en gana o mi coche decidiese girar a la dirección opuesta a la que yo deseo, montaría en cólera, llevaría inmediatamente la tele/el coche al servicio técnico y me quejaría amargamente.
Y es que nos han acostumbrado a que los inventos informáticos no sigan nuestras instrucciones ni ninguna regla con algún atisbo de lógica, si no que funcionen bien de forma aleatoria y, el resto del tiempo, a su voluntad.
En fin, que seguimos con la cuenta a tras para la Navidad, cada día más cerca y cada día quedan menos dulces en la bandeja de mi cocina.

JLS
Si mi televisión seleccionase el canal que le viniese en gana o mi coche decidiese girar a la dirección opuesta a la que yo deseo, montaría en cólera, llevaría inmediatamente la tele/el coche al servicio técnico y me quejaría amargamente.
Y es que nos han acostumbrado a que los inventos informáticos no sigan nuestras instrucciones ni ninguna regla con algún atisbo de lógica, si no que funcionen bien de forma aleatoria y, el resto del tiempo, a su voluntad.
En fin, que seguimos con la cuenta a tras para la Navidad, cada día más cerca y cada día quedan menos dulces en la bandeja de mi cocina.
JLS