Las señales comenzaron de nuevo. Cada 12 meses llegaban de forma inexcusable.
Primero llegaba el frío, luego comenzaban a encenderse luces por doquier, surgían adornos florales y otros rojos o dorados por cada esquina, en los salones de la mayoría de las casas crecían árboles repletos de aderezos multicolores, las manos de los paseantes se llenaban de bolsas y los vendedores no cesaban de anunciar sus mercaderías.
Decididamente había llegado la hora; cogió su cartera, puso dentro el poco dinero que le había sobrado después de un largo año y se lanzó a la vorágine de compras.
lunes, 13 de diciembre de 2010
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