Llegó a casa como cada tarde, contenta, con ganas de conversar con él, de contarle lo imbécil que era aquel tipo al que tenía que soportar delante de ella durante ocho horas cada día. Pero esa tarde había algo distinto en la casa, nada más entrar notó que algo estaba sucediendo; su cuerpo se tensó, su mente se puso en estado de alerta.
Le llamó una, dos, tres veces... no hubo respuesta.
Buscó por la casa y no le encontró, a cambio halló una nota sobre la mesa de la cocina. Allí estaba lo que inconscientemente estaba buscando, lo que había presentido nada más traspasar el umbral de su hogar. Desplegó el manuscrito lentamente, pudo ver como se abría a cámara lenta, podía escuchar cada crujido del papel con total nitidez, nada más en el mundo existía para ella en ese instante.
Así comenzaba aquella misiva....
Lo siento, no puedo seguir fingiendo más.
La vida a tu lado ha cambiado, se ha convertido en una condena, llena de sinsabores y contrasentidos.
Hace tiempo que el amor e, incluso, la atracción física murieron. Cada día, al llegar a casa solo podía pensar en vivir lejos de ti, de tus continuos cambios, de tus decisiones cambiantes e ilógicas. Perdieron sentido las caricias y los besos, que sólo me aportaban desazón.
He estado fingiendo mucho tiempo, ocultando mis verdaderos sentimientos, poniendo una máscara sobre mi cara y mi alma, pero ya no consigo mantenerla en su sitio. No quiero que lo que llevo dentro salga y comencemos una batalla en la que sólo podemos conseguir hacernos daño los dos y en la que nadie ganará nada. Prefiero irme, desaparecer en un "mutis por el foro" que no aporte dolor a lo que, en un tiempo, fue una bonita relación.
No sé donde iré mas, aunque lo supiese, preferiría no decírtelo; quiero terminar aquí, no deseo volver a enfrentarme a esas lágrimas que muchas veces me han convencido aunque, en mi fuero interno, yo sabía que estaba cediendo con el único fin de no hacerte daño, pero no por convencimiento propio de que tuvieses razón.
No puedo terminar esta carta con besos o abrazos, simplemente:
El papel cayó al suelo, suave, flotando en un baile horrible, mostrando y ocultando aquellas letras que habían hundido una lanza en su pecho.
Ella se desplomó sobre la silla y su cabeza cayó sobre las manos apoyadas en la mesa donde tantas veces habían estado sentados, compartiendo comida y risas, todos los recuerdos se agolpaban en ese momento, pero lo único que consiguió hacer fue comenzar a llorar...

