lunes, 13 de diciembre de 2010
Llegó la ....
Primero llegaba el frío, luego comenzaban a encenderse luces por doquier, surgían adornos florales y otros rojos o dorados por cada esquina, en los salones de la mayoría de las casas crecían árboles repletos de aderezos multicolores, las manos de los paseantes se llenaban de bolsas y los vendedores no cesaban de anunciar sus mercaderías.
Decididamente había llegado la hora; cogió su cartera, puso dentro el poco dinero que le había sobrado después de un largo año y se lanzó a la vorágine de compras.
viernes, 19 de noviembre de 2010
Adios
miércoles, 19 de mayo de 2010
Cristal
Allí estaba, erguido en su eterna postura sobre la estantería. El hombrecillo de cristal no podía apartar la vista de su amada. Había compartido muchas horas con ella, en la estantería del taller del cristalero: su Hacedor.
Ahora ella estaba sobre la mesa, lejos de él. Con la nueva apariencia que le había dado el Hacedor tras la desgracia.
Podía recordar la primera vez que la vio, aún desprendía el calor del horno de donde había surgido. Le habían gustado sus formas desde el primer momento y se dio la afortunadísima circunstancia de que a ella también él le había parecido encantador.
Pero un día toda la magia se rompió en mil pedazos, los mismos en los que se había convertido su amada al caer desde lo alto de la estantería hasta el duro suelo de mármol del taller. El Hacedor recogió los trozos, los puso en un crisol y los volvió a introducir en el horno; él siguió todo el proceso con una atención infinita desde su atalaya, vio como el crisol tomaba temperatura, como iba cambiando de color según recibía el calor, vio como los restos de la que había sido todo para él se fundían, observó atentamente como el Hacedor sacaba aquella pasta líquida del horno y la metía en un molde. Esperó paciente a que se enfriara y endureciese de nuevo.
Por fin llegó el gran momento, cuando fue retirado el molde y la nueva forma apareció ante sus vítreos ojos…. Y entonces, el hombre de cristal notó como una lágrima rodaba por su cara, su amada, el objeto de sus tribulaciones había sido convertida en….
miércoles, 21 de abril de 2010
El águila
Pasó el tiempo y llegó la hora de que el ave comenzase a volar. Un soleado día de primavera la sacó al jardín y la colocó en una rama alta de su árbol preferido, esperando que se lanzase a volar de inmediato.
Pero sucedió que el águila permaneció posada en la rama toda la mañana, toda la tarde, la mañana siguiente y la tarde siguiente y así durante varios días. Al cabo de un tiempo el rey comenzó a desesperarse porque su pájaro no parecía tener interés en emprender el vuelo.
Llamó al cuidador de aves del reino y le encargó que consiguiese que aquél águila volase. Éste lo intentó durante varios días, pero no consiguió que el ave abandonase la rama. Desesperado, consultó con otros cuidadores del reino, pero nadie conseguía el objetivo marcado por el rey.
El rey pidió ayuda a otros monarcas que le enviaron a sus mejores expertos para intentar solucionar en problema. Unos intentaban asustar al animal con ruidos estruendosos, otros con movimientos vehementes, pero ninguno consiguió nada.
Un buen día pasó cerca de palacio un anciano vestido de forma sencilla que, al enterarse del problema del rey, se presentó en palacio he hizo una propuesta: intentaría hacer volar al águila y, si lo conseguía, quería como recompensa una pequeña casa y una pensión alimenticia para el resto de sus días. La proposición fue aceptada de inmediato y el viejecillo fue conducido hasta el jardín real donde pidió quedarse a solas con el ave.
Al poco todos pudieron ver al águila volando majestuosa sobre las torres del castillo. La gente se agolpó a la salida de los jardines para poder ver salir de allí al hombrecillo que había logrado lo que muchos sabios y expertos no habían conseguido. Al frente del gentío estaba el rey, que no pudo evitar la pregunta:
- ¿Cómo consiguió que volara?
- Corté la rama – contestó serenamente el anciano, que se dirigió hacia el pueblo cercano donde esperaba encontrar el alojamiento que le había sido prometido.
PS. Casi siempre la mejor motivación es la más sencilla.
jueves, 4 de marzo de 2010
El lago
Aquel día, al levantarse, una idea empezó a germinar en su mente. Echaba de menos los viejos tiempos, aquellos en los que viajaba en metro, en los que se juntaba en su piso compartido con sus amigos a comer pizza y beber cervezas mientras veían una película en la televisión. A la hora del desayuno ya lo tenía decidido, antes de comer salieron de su ordenador las invitaciones para un fin de semana en su casa para aquellos a los que no veía desde hacía años.
Al fin llegó el fin de semana deseado y aparecieron los tres invitados. Sintió una gran alegría, algo en su interior se regocijaba y los dolores de cabeza, tan frecuentes últimamente, no le habían atacado en toda la semana. Cenaron juntos bebiendo cerveza y riendo mientras recordaban aquellas tertulias alrededor de la pizza traída de Luigi’s. La noche se alargó y se fueron a dormir casi al alba.
Judith, la única mujer del grupo, estaba ya en la cama a punto de quedarse dormida cuando la puerta de su habitación se abrió, despacio, como con timidez. Al momento vio la cara del visitante y le sonrió; como había sido siempre, venía a visitarla discretamente sin que los demás lo supieran.
Damian despertó casi a medio día, tenía la cabeza embotada, ya no era tan joven y los excesos pasaban la cuenta. Se duchó rápido y bajó a desayunar. Las caras del resto del grupo no eran mejores que la suya, eso le consoló.
Hasta la hora de comer no echaron de menos a Judith. No era normal que no se hubiese presentado al desayuno, pero lo que no se hubiese levantado a esa hora y no tenía ninguna explicación en ella, la más madrugadora del grupo habitualmente. Subieron a buscarla, golpearon la puerta pero ella no contestaba; finalmente decidieron entrar y, nada más abrir la puerta y asomar la mirada en aquella estancia, se arrepintieron de haberlo hecho. Todo se hallaba en su sitio, colocado como si nada hubiese sucedido, todo excepto la cama donde yacía Judith con los ojos muy abiertos y la cabeza en una posición que no parecía ser compatible con el hecho de que ella pudiese seguir con vida. Miró a los ojos de sus dos acompañantes pero no fue capaz de encontrar culpabilidad en ninguno de los dos, sólo vio pánico.
Bajaron la escalera casi sin rozar lo peldaños y llamaron a la policía inmediatamente. Se sentaron los tres en el salón, cada uno pensando en las posibilidades de que alguno de los otros hubiese sido capaz de llevar a cabo una acción semejante. Ninguno de ellos podía imaginar a otro partiendo el cuello de Judith en plena noche.
Jordan desapareció camino de la cocina, necesitaba tomar un café inmediatamente o se derrumbaría cual fardo de patatas en medio del salón. Sus dos compañeros permanecieron sentados con la mirada perdida en los ventanales por los que se veía el lago del jardín.
A los pocos minutos sintió el agradable paso del café caliente por su garganta, estaba disfrutándolo cuando sintió que algo se movía tras de él. La taza se estrelló contra el suelo haciéndose añicos y su cuerpo, sin vida, la siguió instantes después. Mientras tanto el tercero de los visitantes, Simon, yacía igualmente inerte en uno de los sofás.
Cuando llegó la policía no pudo encontrar al dueño de la mansión, sólo descubrieron su ropa en un bote flotando en el centro del lago. Mientras, Damian viajaba hacia el fondo de aquellas oscuras aguas, sin comprender por qué había matado a sus tres amigos, por qué acto segido había sentido el impulso de ponerse a remar hasta el centro del lago para después despojarse de sus ropas y dejarse caer en el agua gélida.
Pero la respuesta estaba en lo más profundo, donde con mezcla de horror y sorpresa se vio a si mismo, muerto, maltratado por el tiempo y el agua. De pronto empezó a comprender, su destino estaba escrito, se había escrito en día en que murió a causa de una broma de sus tres mejores amigos, que le arrojaron al lago del que no pudo salir. Comprendió que desde aquel momento indeterminado del pasado, se reencarnaría una y otra vez, conocería a tres personas, tendría éxito, compraría de nuevo aquella casa y mataría a los tres amigos antes de volver una vez más al fondo de aquellas aguas, ejecutando una y otra vez una venganza infinita por lo que le habían hecho.

